Filardi: “El modelo agroindustrial dominante ha violado los derechos humanos"

AGROECOLOGÍA 06 de agosto de 2020 Por La Semilla
El abogado especializado en Derechos Humanos y Soberanía Alimentaria sostiene que en la Argentina “el 60% de la superficie cultivada en nuestro país, está destinada a un solo cultivo”, una realidad que duele y llama a reflexionar por que es necesario volver a la agroecología de base campesina.
monocultivo de soja
Sembrado de soja en Argentina.

Generar un espacio para pensar, debatir y actuar en la búsqueda colectiva de la soberanía alimentaria, es el gran desafío que plantea el abogado Marcos Ezequiel Filardi, profesional especializado en el derecho a la alimentación adecuada.

La profesión de abogado le sirvió para adquirir herramientas para la transformación y la justicia social. Viajó a distintas provincias donde registró experiencias y “un montón de movimientos vivos y fuertes”, como prefiere decir, para poder estar más cerca de los referentes de la lucha por la soberanía alimentaria y desde este paradigma, construir nuevas realidades para modificar la matriz que impone el sistema capitalista.

“Hoy más que nunca es importante reivindicar a la ciencia que se construye desde los diálogos de saberes, de manera colectiva y al servicio de los pueblo, no de las empresas”, dice Filardi, consciente de la importancia de reconocer el paradigma de la “soberanía alimentaria” que da cuenta de las experiencias campesinas y de economías populares, que incorpore a los protagonistas de la producción de alimentos en las decisiones sobre qué y cómo producir de manera justa, segura y rica en sabores.

A continuación, trascribimos el interesante diálogo que el Dr. Filardi tuvo con el programa radial “Noches de alcohol... en gel”, que se emite por FM Viva, del pueblo neuquino de Las Ovejas, conducido por Alejandro Arrieta, Rafael Rodríguez y José Barrios.

 

Alejandro Arrieta: En nuestro país, las políticas públicas, tanto energéticas como alimentarias o en conjunto, son expulsivas de los campesinos, de los auténticos trabajadores del campo, ese campo que se está deshabitando, no solo en el norte argentino, sino también en la patagonia con el fracking y la construcción de una represa en el río Nahueve que tendrá un impacto negativo en la comunidad… ¿cómo analizas todos estos procesos?

Marcos Filardi: “Hay que tener en cuenta que nuestro derecho humano a la alimentación adecuada, que está contemplada en nuestra propia Constitución Nacional, reformada en el 1994, y cuando nos referimos a la alimentación adecuada, claramente hablamos de tener los derechos necesarios para acceder a una alimentación adecuada: tierra, agua, semilla, alimentos y acceso a saberes. El propio derecho a una alimentación adecuada reconoce como uno de sus componentes fundamentales el derecho a la tierra. No podemos pensar el derecho a la alimentación soberana si no discutimos la importancia de la tenencia de la tierra. El 92 % de nuestra población vive hoy en pueblos y ciudades, entonces esto es fruto, con la imposición de un modelo extractivo que tiene por objeto vaciar los territorios, para darle lugar a actividades extractivas. Lo cierto es que los grandes capitales avanzan sobre los territorios y se quieren apropiar de tierras públicamente reivindicadas desde la agricultura familiar. Esos grandes capitales chocan con los derechos de los pueblos que históricamente han vivido en esos territorios, que los reivindican naturalmente como propios. Estos avances generan conflicto de la tierra, porque claramente, el modelo agroindustrial dominante ha violado derechos, y siempre ha implicado conflictos violentos en los pueblos originarios y comunidades campesinas. Uno de los pilares fundamentales de la soberanía alimentaria es la lucha por la tierra, por eso se vuelve a enarbolar la necesidad de una reforma agraria popular e integral, para que la tierra esté en manos de quien la trabaja, en armonía con la naturaleza.

Filardi Marcos, foto Por el pais
Foto Lina Etchesuri (Por el País).

 

Alejandro Arrieta: ¿Es un paradigma la soberanía alimentaria?

Marcos Filardi: Yo creo que sí, es un paradigma, antitético, contrapuesto y superador del modelo extractivo en general en sus diversas ramas. Mientras el modelo agroindustrial prioriza la producción de unos pocos commodities, destinado centralmente a la exportación a partir de un paquete tecnológico extranjero con agrotóxicos y fertilizantes sintéticos; en este marco, la soberanía alimentaria dice: hay que priorizar las necesidades alimentarias locales, antes que la exportación. Tenemos un sinnúmero de modos de producir nuestros alimentos en los territorios, en armonía con los seres humanos y la naturaleza, que es loque justamente llamamos agroecología, en la que está incluida la agricultura ancestral, que se practica desde tiempos inmemoriales, la agricultura biodinámica, la agroecología extensiva, la agricultura regenerativa, es decir, distintos modos, situados en generar la producción de alimentos. 

En esto entra también el rol de los pastores tradicionales, los trashumantes, los pescadores artesanales, por eso el paradigma de la soberanía alimentaria pone en el centro del modelo de vida y del modelo productivo a la agricultura familiar campesina. Ante esto, está modelo agroindustrial que ve a la tierra, el agua y a la semilla como mera mercancías desde una impronta capitalista. Para la soberanía alimentaria, son verdaderos derechos humanos el agua, la alimentación, acceso a la tierra, a la semilla nativa, esto está gobernador por otras reglas, y no por el de las mercancías, como propone el modelo agroindustrial.

 

 

Alejandro Arrieta: Antes nos hablaban siempre de la Argentina productora de comida sin embargo siguiendo este modelo, vemos hambre, el hambre es un problema político?

Marcos Filardi: Por supuesto que sí, ya desde 1985, como humanidad compartida logramos la suficiencia alimentaria, a tal punto que la FAO en el 2000, señalaba que estábamos produciendo alimentos para 12 mil millones de personas. Hoy somos 7.500 millones de personas, y millones de personas que padecen hambre. Hay 2500 millones de personas con problemas de sobrepeso y obesidad, y esto tiene que ver con el modelo agroindustrial dominante. En Argentina se instaló el mito de que producimos alimentos para 400 millones de personas, y que contribuimos a la seguridad alimentaria global, pero en realidad lo que estamos produciendo son unos pocos commodities, destinados a la exportación para engordar los ganados de otros mercados, para llenar los tanques de nafta de los agrocombustibles, proporcionándoles materiales a la industria a través de los agro materiales. Hoy, el 60% de la superficie cultivada en nuestro país, está destinada a un solo cultivo, por eso decimos que en la Argentina persiste un modelo agroindustrial dominante de monocultivo, dependiente del veneno, porque otras de las promesas que trajo este modelo cuando desembarcó en los años noventa, es que se iban a usar menos químicos, y sucedió todo lo contrario: aumentó el uso de agroquímicos en un 1.400% en estos 24 años, tenemos 525 millones litros de agrotóxicos por año que se vuelcan en los territorios, produciendo cánceres, trastornos de distinto tipo en la salud, abortos espontáneos, trastornos reproductivos. Pasamos de diversidad agrícola al monocultivo, hemos desplazado la ganadería, destruimos los bosques para alterar la biodiversidad, destruimos la humedad, que sumieron al país en inundaciones, alterando el ciclo del agua, generando sequia, destruyendo los polinizadores, exportando agua virtual, y destruyendo la capacidad de generación de nutrientes de nuestro suelo, el cual está cada vez mas empobrecido. Teníamos la bendición natural de tener los mejores suelos del mundo, con esa capa de humus fértil que llevó años formarse, pero la hemos dilapidado en estos 24 años. No se nos ocurrió mejor cosa que hacer soja tras soja, destruyendo la fertilidad del suelo, y comprometiendo la vida futura de nuestros hijos, si seguimos en este camino.

 

“Hoy, el 60% de la superficie cultivada en nuestro país, está destinada a un solo cultivo, por eso decimos que en la Argentina persiste un modelo agroindustrial dominante de monocultivo, dependiente del veneno”.

Alejandro Arrieta: ¿Cual el es rol de la ciencia en este modelo extractivista?

Marcos Filardi: Desde el paradigma de la soberanía alimentaria es importante generar saberes de otra manera, y abogamos por lo que se llama intercambio o diálogo de saberes, significa rescatar los saberes campesinos, de los “crianceros”, de los pueblos originarios, que es justamente en esta crisis civilizatoria que estamos viviendo, los que parecen tener la llave para sacarnos del entuerto en el que estamos metidos. Por eso es que desde la cátedra de soberanía alimentaria (UBA) propiciamos este intercambio de saberes. Tenemos que reconocer como saberes iguales, no una primacía del saber técnico-científico, por sobre esos saberes. Entendemos una ciencia al servicio de los pueblos y la sociedad, el gran problema el modelo extractivo en general, esta sostenido por grandes intereses económicos que influye para financiar investigaciones, universidades, publicaciones, por eso hoy más que nunca es importante reivindicar a la ciencia que se construye en diálogos de saberes, colectivamente, al servicio de los pueblo y no de las empresas.

 

Alejandro Arrieta: ¿Existen políticas públicas que promuevas la soberanía alimentaria?

Marcos Filardi: Son muchas las que pueden llegar a propender o no, por eso decimos de un paradigma a través de una política pública concreta. Ahora se discute un proyecto de inversión china, para multiplicar la producción porcina en nuestro país destinada a la exportación ¿Esto contribuye a la soberanía alimentaria? Esto significa que estos animales van a ser alimentados con soja y maíz transgénicos, no destinados para alimentar a la población local, sino a otros mercados que va implicar una gran consumo de agua dulce para esa producción, que va generar el riesgo de zoonosis, contaminación ambiental, lo que quiero decir que esto claramente no van en el sentido la soberanía alimentaria. Hay varios proyectos en discusión que de aprobarse contribuirían a la soberanía alimentaria, por ejemplo, el proyecto de Ley de Protección de los Cinturones Verdes Productivos presentado por la UTT (Unión de Trabajadores de la Tierra), o la iniciativa legislativa que tiene como objetivo facilitar el acceso a tierra propia por medio de créditos blandos para las familias agrícolas. Todo esto está pensado para alimentar localmente. De aprobarse, esas medidas irían en sentido de la soberanía alimentaria, porque pondría en el centro a la agricultura familiar campesina.

 

 

QUIÉN ES MARCOS EZEQUIEL FILARDI. Nació en Capital Federal el 22 de agosto de 1979. Es abogado, se recibió en la Universidad de Buenos Aires en 2003 y está especializado en Derechos Humanos y Soberanía Alimentaria (UBA). En 2006 se fue a vivir al África para trabajar en Derechos Humanos vinculados con el acceso a la alimentación. Recorrió 24 provincias argentinas para ver cómo se producen y consumen los alimentos. Es docente de las Cátedras Libres de Soberanía Alimentaria, Escuela de Nutrición y Facultad de Agronomía (UBA) y Universidad Nacional de Lomas de Zamora; así también de la carrera de Especialización en Migración, Asilo y Derechos Humanos Universidad Nacional de Lanús, Buenos Aires.

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